lunes, 22 de mayo de 2017

17 RELATOS QUE DISFRUTARÁS MIENTRAS AYUDAS A UN NIÑO

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El año pasado me propusieron participar en una antología solidaria con un relato que comprendiera una historia de amor, ya que su publicación iba a coincidir con el día de San Valentín.
Era la primera vez que participaba en algo de este estilo, y que los beneficios estuvieran destinados a un niño solo acrecentaba mi ilusión por cooperar con este libro.

Ahora os hablaré de Cristian. https://www.facebook.com/groups/Todos.con.Cristian/ 

Este niño de 9 años padece […] Sindrome de Angelman, Microcefalia con posibilidad disgenetica, encefalopatia connatal, tetraparecia connatal,hipotiroidismo, avitaminosis que inhabilita la reaccion de fosforilización lo que conlleva a una mala absorción de vitaminas afectando al metabolismo y la tolerancia al estrés, miopia disfusa, sistema inmunologico debil que con una neuropatía perinatal cualquier causa puede aparecer mecanismos autonocivos sobre el sistema nervioso, afectando a su evolución, hiperactividad, epilepsia y un retraso madurativo importante.

Yo siempre que pienso en él, lo hago como madre. Y sé que no hay nada que no sería capaz de hacer por mis hijos, pero a veces los recursos dentro de las familias no son suficientes, y ya sabemos que hoy por hoy no se puede contar con las ayudas del gobierno, así que ¿qué hacer en caso de no disponer de los medios suficientes para proporcionarle a un hijo un tratamiento que mejore su calidad de vida o su salud? ¿Os imagináis ese dolor? ¿Tener que recurrir a desconocidos y confiar en la buena voluntad de las personas? ¿Creerías tú en tu ayuda?

Esto no trata de poner una bonita foto en las redes de una cadena que en realidad no ayudará a nadie, y tal vez esta acción no suscite tantos me gusta, pero seguro que será más efectivo.

Cristian necesita ayuda y a nosotros solo nos supone dos cafés menos si compramos el formato electrónico de esta antología. Además, no será un gasto en balde. Como recompensa por nuestra solidaridad nos llevaremos 17 relatos.

El mío comienza así…
A. V. San Martín
PEQUEÑOS
ENCUENTROS,
GRANDES ACONTECIMIENTOS
Termino de ponerle guapo.
Tiene nueve meses y es muy difícil que no lo esté, al menos a mí me parece el niño más adorable del mundo; sin embargo, hoy le acicalo con especial atención porque, hoy, es el día.
Peino su casi inexistente pelo hacía arriba en una pequeña cresta  y sonríe como si fuera consciente de mi pequeña trastada. Automáticamente suelto una carcajada. Él apacigua todos mis miedos y remienda las brechas que más dolieron desde que supe que estaba embarazada.
Y tal vez su concepción en un coche una noche loca con un apenas conocido del que ni siquiera sabía su nombre no fuera ideal, pero mi hijo es el ejemplo de que a veces de las pequeñas y más insignificantes circunstancias acontece lo más extraordinario, y sí, hubiera preferido que naciera en un entorno familiar estable con una figura paterna a su lado, pero ahora mismo, no hay nada que esas manitas buscando mi cara o esa risa burbujeante no puedan curar.
Puede que no fuera concebido por amor, pero a él nunca le faltará el de su madre.
En cuanto a su padre ¿quién sabe?
Gael, «sí, ahora sé su nombre», era una presencia constante en el vagón del metro que yo cogía todos los días para ir al trabajo. Supongo que me fijé en él más que en el resto por ese aire despreocupado e indolente con el que se apoyaba sobre la puerta cerrada.
Todo parecía transcurrir en un movimiento ensordecedor a su alrededor: el paisaje a través de las ventanas, los pasajeros entrando y saliendo, las conversaciones, los bostezos, las miradas recayendo sobre el compañero de asiento, menos él.
Él era la figura más discreta, pero a la vez más imponente de todo el vagón.
Su mirada oscura, su pelo revuelto, su barbilla cuadrada, brazos cruzados, piernas largas. Eso era Gael y parte de él está en mi hijo.
Nunca tuve aspiraciones románticas con él, al menos, no entraba en mis planes porque entonces yo mantenía una relación de varios años, aunque esta comenzaba a tomar un cariz más bien aciago y lamentable.
Su punto más trágico llegó con la infidelidad. No la mía, la de él. Gael fue un desquite, una cura para una traición y un consuelo para un corazón herido. Una locura pasajera que empeoró con la consumición imprudente del alcohol…


Si quieres terminar de leer este y otros relatos pincha sobre la imagen y gracias por tu generosidad.