lunes, 24 de septiembre de 2018

RELATO MENSAJE NUEVO Parte 1


Asunto: Carta de despedida.

Hola Héctor:

Cuando nos conocimos, no escribíamos cartas como esta ¿te acuerdas? Nos las enviábamos por email y en ellas nos confesábamos todo lo que nos hacíamos sentir el uno al otro o nos disculpábamos tras los enfados, y nuestro amor aparentaba ser más intenso y sincero que ninguno; parecía no tener fin.

Por eso nunca sospeché que llegaría a escribir esta misiva, que lo nuestro no lograría sobrevivir a la rutina, las desavenencias, el distanciamiento de nuestros cuerpos e incluso la desilusión.
Cuando abordábamos el tema de la infidelidad, siempre convinimos ser directos. Si uno de los dos se sentía atraído por otra persona, nos lo confesaríamos antes de dar el paso. No daríamos pie al engaño. Y, aunque salir heridos se volviera inevitable, ambos asegurábamos no poder hacer sentir culpable al otro por el nacimiento de unos sentimientos que escapan al control.

Ese día ha llegado. Mis emociones se desbordan por otro que no eres tú. Aunque no creo que sea amor, lo busco, su atención me desequilibra, memorizo sus rasgos, me esmero con mi aspecto para que se fije en mí, fantaseo con él. Eso es algo que nunca me había ocurrido desde que estoy contigo. Eres el hombre que más tiempo ha retenido mis ilusiones y mis sueños. Nunca las enfoqué en ningún otro que no fueras tú, pero ya no es así.

No podemos culparle a él de lo que despierta en mí. No es recíproco. Ni siquiera lo sabe. Su trato conmigo no es distinto del de cualquier otra compañera de trabajo. No sé si me considera atractiva o interesante. Nada de eso importa porque él sí lo es para mí. Supongo que a estas alturas has adivinado quien es: Leo, el de la delegación de Jaén que han trasladado a mi oficina hace poco.

Achácalo a un conjunto de cualidades como la novedad, una mirada penetrante, su seriedad y su intelecto. Sé que no soy la única que ha encendido un faro proyectado de forma directa e incluso escandalosa sobre él. Tú sabes lo poco que me gusta competir o la rivalidad amorosa. No haré ningún movimiento. He decidido disfrutar de lo poco que pueda obtener de él sin más pretensiones que admirarle en la distancia.
Es una locura que podría haber callado y escondido para que tú nunca la supieras, pero no pretendo aceptar tus pocos abrazos, anhelando que sean los brazos de otro hombre los que me rodeen. No sería justo para ti, y yo tampoco aspiro a convertirme en esa clase de persona.

Te he querido. Mucho. Pero nuestro amor se ha deteriorado. Ya no me haces suspirar ni ansío tu compañía. Sé que tú tampoco lo haces aunque tus palabras lo desmientan. No espero que nos acompañe el mismo frenesí que nos gobernaba cuando nos enamoramos, pero el invierno rodea nuestra cama desde hace demasiado tiempo y eso duele.

Algún día, tal vez podamos mirar hacia atrás, como amigos, y aceptar que poner fin a nuestra relación fue lo mejor que pudimos hacer y lo que más nos convenía. Espero que ese futuro no sea muy lejano y que encuentres tu camino, incluso antes que yo, ahora que se separan.

No derrames ni una lágrima. Deja que lo haga yo y que soporte el peso de nuestra ruptura por los dos.

Deseo que seas feliz, que encuentres a esa persona imprescindible con la que compartir tu vida y que oscurezca cualquier tiempo malgastado conmigo.

Siempre tuya,
Aurora