jueves, 8 de noviembre de 2018

RELATO MENSAJE NUEVO. Parte 5





Asunto: Reunión
Aurora, querida. Necesito que te presentes en mi despacho a última hora.



Asunto: Informe
Adjunto documento detallado con los hechos ocurridos anteayer en el despacho de González y que estoy determinado a calificar como acoso sexual con el empeño, de que estas prácticas e insinuaciones, terminen por parte del letrado. Reitero que lo lea y lo firme para garantizar su conformidad.
No permitiré este tipo de prácticas dentro de este bufete. Y a título personal, Aurora, y debido a la amistad que nos une, tengo que amonestarla por no habérmelo comunicado antes. Si no fuera por la poca contención de la lengua de Elena, este comportamiento deshonroso del letrado hubiera salido impune. Si le preocupaba perder su trabajo, tiene todas las garantías de que eso no ocurrirá. Llevamos demasiados casos, excesivos, de esta naturaleza y sabemos de qué pie cojean. En este caso y en esta oficina, su palabra (y la de mi mujer) tienen mucho más peso que la incoherente y pusilánime defensa del letrado González. Por ahora, lo único con lo que puedo proceder es con su traspaso tras una severa amonestación. La empresa quiere arreglar este entuerto con absoluta discreción, pero en caso de que estuvieras dispuesta a llevarlo hasta lo penal, tendrías mi apoyo.


Asunto: No me lo puedo creer.
No puedo creer que te sobara el culo y te metiera la lengua ¡qué asco! Se cree irresistible ¿en qué mundo o qué época? Porque ahora mismo los neanthertales no salen precisamente en las listas de los solteros de oro. ¡Qué le debías una por haberte dado el caso mostaza! ¿Pensaba cobrárselo de igual manera a Leo? ¡Por supuesto que no! Él consiguió el proceso por méritos propios, pese a llevar mucho menos tiempo en esta oficina. Nadie ha trabajado tanto en este bufete como tú.
Le oí justificarse ante el jefe alegando que si no querías que te malinterpretara, debías llevar faldas más largas y camisas menos ajustadas. ¿En serio? Estoy tan cabreada.

Asunto: Me siento como un patán.
Solía presumir de ser una persona cabal, prácticamente de un comportamiento intachable, pero desde que has interrumpido en mi vida empiezo a poner esas cualidades en duda. Primero con la lectura de una carta que creía personal, luego bromeando sobre las chanzas de mal gusto de González. No sé cómo disculparme. Desconocía el alcance de sus provocaciones y condeno de forma profunda su comportamiento. Creo que eres una gran profesional y mi admiración en ese aspecto no tiene fin. Eso no quiere decir que no me deslumbres en otros aspectos; sin embargo, mencionarlos en este momento estaría fuera de lugar.
En cualquier caso, quería agradecerte esa refinada y aguda explicación sobre la exacta tonalidad del color mostaza con la mancha que dejaste claramente visible sobre mi camisa. No acabo de encontrar desafortunado, el que ese bote de condimento estuviera abierto en el momento que tropezaste frente a la puerta de mi despacho. Gracias a ello he podido ver, oler, tocar y degustar un color que hasta ese momento desconocía o ignoraba deliberadamente. Perdona mi poca audacia, pero ahora me pregunto qué diferencia hay entre el color amarillo huevo de toda la vida, el arena, el camel, el tierra y este mostaza tan requerido.
No te sientas en la obligación de mostrármelo con ejemplos comestibles de nuevo, excepto si se diera la situación de esta conversación durante una cena.

Leo.



Puede ser que Leo me haya invitado a cenar. ¡Maldita sutileza!